Construir para una mejor forma de vivir

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Si tomamos de manera literal la definición de construir, estaremos de acuerdo en que toda acción que implique la fabricación de algo no importa si es material, social o intelectual; resulta en una acción importante para el crecimiento social, cultural y económico de los conglomerados humanos.

En estos tiempos construir para las personas significa mucho más que levantar una infraestructura física, implica modelar todo un sistema económico, estilos de vida y herramientas de trabajo que hagan mucho más viable la existencia del ser humano y la visualización de un futuro promisorio para ellos y sus descendientes.

Es por ello, que cuando abordamos el tema de la construcción, tan amplio y diverso como el mundo mismo, enfocamos diferentes vertientes de esta dinámica actividad que nos convoca a la realización de múltiples tareas y de paso a la concretización de sueños y anhelos propios de la existencia de las personas en su paso por la tierra.

En nuestro país, la industria de la construcción siempre ha jugado importante en el desarrollo de nuestro país, a través de calles, carreteras, escuelas, hospitales, casas, presas; y cualquier otra estructura que llene las necesidades de los dominicanos en su lucha por una vida digna y el alcance de la prosperidad que merecen.

Miles de millones de pesos y dólares financian a través del gobierno y la banca comercial los proyectos que se levantan a lo largo y ancho del territorio nacional, generando miles de empleos directos e indirectos, motorizando la actividad comercial, al tiempo que cambian la fisonomía de nuestros pueblos y ciudades, crean nuevas formas de convivencia social y proveen de techo a quienes lo necesitan.

Los números, hablan por si solos de la impronta de esta actividad en la economía dominicana, que se ha convertido en los últimos años, en uno de los primeros renglones económicos que aportan al Producto Interno Bruto (PIB) del país, situándose por encima de renglones tradicionales como la industria y la agricultura.

Demostrado, como ocurrió en la época de la depresión de los Estados Unidos de 1929, que la industria de la construcción es un motor excelente para dinamizar cualquier economía que se encuentre en estado de quiebra, por los múltiples renglones económicos que toca en su desarrollo.

En nuestro país, fortalecer e impulsar la industria de la construcción debe ser bandera de todos los actores que intervienen en su accionar, tomando en cuenta lo más importante: Las personas, que son objeto y sujeto de sus acciones.

 

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